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Nutrición

Antioxidantes y todo lo que necesitás saber antes de incorporarlos a tu rutina

24 de Septiembre, 2026 • 6 MIN DE LECTURA
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Antioxidantes y todo lo que necesitás saber antes de incorporarlos a tu rutina

Si alguna vez, después de terminar una carrera larga, un entrenamiento de ciclismo o una sesión muy exigente de natación, sientes ardor en tus músculos, suele haber una explicación simple: la acumulación de metabolitos y la acidosis temporal en tus fibras musculares.

Durante el ejercicio intenso, tus células también generan un aumento en la producción de radicales libres (especies reactivas de oxígeno). La lógica común sugeriría: si el ejercicio produce sustancias que pueden causar estrés celular, ¿por qué no combatirlas con suplementos de vitamina C, vitamina E u otros antioxidantes? La respuesta, como ocurre con muchos temas de nutrición deportiva, es mucho más compleja y la evidencia científica actual apunta a una conclusión que puede sorprender a muchos atletas: tomar suplementos de antioxidantes no siempre ayuda e, incluso, puede interferir con las adaptaciones al entrenamiento.

Esto se debe a que esos radicales libres no son solo un "desecho", sino señales biológicas esenciales que le avisan al cuerpo que debe volverse más fuerte, crear más mitocondrias y mejorar su resistencia. Al neutralizarlos artificialmente con dosis altas de suplementos, terminas bloqueando la misma señal que le dice a tus músculos que se adapten.

El ejercicio genera radicales libres y eso no siempre es malo

Durante un entrenamiento de resistencia —como correr, montar bicicleta o nadar durante un tiempo prolongado— los músculos consumen grandes cantidades de oxígeno. Como consecuencia natural, aumenta la producción de radicales libres, unas moléculas muy reactivas que pueden contribuir al llamado estrés oxidativo. Si el esfuerzo es intenso y sostenido, estas moléculas pueden participar en el daño de algunas proteínas y membranas celulares, además de favorecer la aparición de la fatiga muscular.

Sin embargo, es importante mencionar que los radicales libres no son únicamente "los malos de la película" ya que en cantidades normales también funcionan como mensajeros que le indican al organismo que debe adaptarse al entrenamiento. En otras palabras, ayudan a que el cuerpo entienda que necesita fortalecerse.

Es precisamente gracias a esas señales que el organismo desarrolla más Mitocondrias, mejora sus propias defensas antioxidantes y se vuelve más resistente para futuros entrenamientos.

Seguramente si es tu caso, alguna vez te habrás preguntado si deberías tomar antioxidantes y la realidad es que durante años muchos deportistas pensaron que sí. La lógica era sencilla: si el ejercicio genera estrés oxidativo, un suplemento antioxidante debería reducir el daño muscular, acelerar la recuperación y mejorar el rendimiento. Sin embargo, cuando los investigadores comenzaron a estudiar esta idea en atletas, los resultados no fueron los esperados debido a que la mayoría de los estudios muestra que los antioxidantes más populares —como la vitamina C y la vitamina E— no mejoran el rendimiento deportivo ni permiten correr, pedalear o nadar durante más tiempo; así mismo, tampoco existe evidencia sólida de que aceleren la recuperación después del ejercicio de resistencia.

El problema de las megadosis

Aquí aparece uno de los hallazgos más importantes de los últimos años: tomar grandes cantidades de antioxidantes podría disminuir algunas de las adaptaciones positivas que produce el entrenamiento ya que si se eliminan demasiados radicales libres, también desaparecen parte de las señales que el organismo utiliza para adaptarse al esfuerzo, es como apagar una alarma antes de que el cuerpo tenga oportunidad de reaccionar; por eso, consumir altas dosis de vitamina C o vitamina E sin una necesidad real podría terminar reduciendo algunos de los beneficios que se buscan con el entrenamiento.

¿Hay deportistas que pueden llegar a necesitarlos?

Sí, pero no son la mayoría. La suplementación puede tener sentido cuando un deportista presenta una alimentación deficiente o consume menos antioxidantes de los recomendados. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en atletas que:

  • Siguen dietas muy restrictivas para bajar de peso.
  • Eliminan grupos completos de alimentos.
  • Consumen pocas frutas y verduras.
  • Tienen una alimentación poco equilibrada.

En estos casos, el objetivo del suplemento no debería ser consumir cantidades extraordinarias de vitaminas, sino simplemente cubrir una deficiencia nutricional previamente identificada, idealmente con la orientación de un profesional de la salud deportiva.

La mejor estrategia sigue estando en el plato

A diferencia de los suplementos concentrados, los alimentos aportan antioxidantes de manera natural y en cantidades adecuadas. Frutas como los arándanos, las fresas, los cítricos y la uva; verduras como la espinaca, el brócoli o el pimentón; además de frutos secos y semillas, ofrecen vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que ayudan al organismo sin interferir con las adaptaciones normales del entrenamiento.

En otras palabras, una alimentación variada sigue siendo la mejor fuente de antioxidantes para la mayoría de los deportistas.

¿Existe algún antioxidante que sí funcione?

Hay una excepción interesante: la N-acetilcisteína (NAC). Algunos estudios han encontrado que este compuesto puede retrasar la aparición de la fatiga durante ejercicios prolongados realizados a una intensidad moderada o alta, aproximadamente entre el 65 y el 80 % del esfuerzo máximo. Sin embargo, esto no significa que sea un suplemento recomendado para cualquier deportista ya que su uso puede producir efectos secundarios como náuseas y todavía se desconocen sus efectos sobre la salud cuando se consume durante largos períodos. Además, no parece ofrecer beneficios en ejercicios de máxima intensidad. Por ahora, la evidencia aún es insuficiente para recomendar su uso de manera general.

Más antioxidantes no significa mejores resultados

Uno de los grandes mitos del deporte es pensar que cualquier suplemento que reduzca el daño muscular automáticamente mejorará el rendimiento. La ciencia muestra que el cuerpo necesita una cierta cantidad de estrés para adaptarse y progresar. Es un principio similar al propio entrenamiento: un músculo mejora porque recibe un estímulo, no porque se evita completamente el esfuerzo; con los antioxidantes ocurre algo parecido, el objetivo no es eliminar por completo el estrés oxidativo sino permitir que el organismo aprenda a manejarlo.

Así pues, los antioxidantes son esenciales para la salud, pero eso no significa que los suplementos sean indispensables para todos los deportistas. Si llevas una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras y otros alimentos frescos, es muy probable que ya estés obteniendo todo lo que necesitas.

La evidencia científica actual indica que los suplementos antioxidantes más comunes, como las vitaminas C y E, no mejoran el rendimiento ni aceleran la recuperación, y consumirlos en megadosis incluso podría limitar algunas de las adaptaciones que hacen que cada entrenamiento te convierta en un mejor atleta. Al final, la mejor estrategia sigue siendo la más sencilla: entrenar de forma inteligente, descansar adecuadamente y construir una alimentación de calidad.


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