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Pádel

MANTENTE LIBRE DE LESIONES EN EL PÁDEL

2 de Septiembre, 2026 8 MIN DE LECTURA
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MANTENTE LIBRE DE LESIONES EN EL PÁDEL

El pádel es uno de los deportes que más ha crecido en los últimos años. Es fácil de aprender, muy social y tiene el equilibrio perfecto entre estrategia, velocidad y diversión. Sin embargo, detrás de cada punto hay frenadas bruscas, cambios de dirección, aceleraciones, saltos y golpes repetitivos que pueden pasar factura al cuerpo si no estás preparado.

No es casualidad que una gran cantidad de jugadores sufran alguna lesión cada año. De hecho, estudios han encontrado que cerca del 40% de los practicantes presentan una lesión relacionada con este deporte y, en muchos casos, necesitan varias semanas para volver a jugar.

La buena noticia es que la mayoría de estas lesiones pueden prevenirse. No se trata solo de jugar mejor, sino de preparar el cuerpo, cuidar la técnica y utilizar el equipo adecuado para que cada partido termine únicamente con el cansancio propio de un buen juego.

¿Por qué el pádel produce tantas lesiones?

A diferencia de otros deportes de raqueta, el pádel se juega en una cancha pequeña donde los intercambios son muy rápidos. En pocos segundos puedes pasar de estar quieto a correr hacia la red, retroceder para devolver un globo, girar el cuerpo para un remate o lanzarte a alcanzar una pelota cercana al cristal.

Todos esos movimientos exigen mucho a músculos, tendones y articulaciones.

Además, muchos jugadores practican solo el deporte, pero no realizan ningún tipo de preparación física. Es decir, juegan dos o tres veces por semana sin fortalecer el cuerpo que les permite hacerlo.

Con el tiempo, esa diferencia entre lo que el cuerpo puede soportar y lo que le exigimos termina aumentando el riesgo de lesiones.

Las lesiones más frecuentes en el pádel

Aunque cualquier parte del cuerpo puede verse afectada, existen algunas zonas que concentran la mayoría de los problemas.

Codo

El famoso "codo de tenista" también es muy frecuente en jugadores de pádel. Aparece por la repetición constante de golpes y por una técnica inadecuada, especialmente en el revés o cuando se golpea con demasiada fuerza utilizando principalmente el brazo.

Los primeros síntomas suelen ser dolor al sujetar objetos, pérdida de fuerza y molestias al golpear la pelota.

Hombro

Los remates, bandejas y saques implican muchos movimientos por encima de la cabeza. Si el hombro no tiene suficiente fuerza y estabilidad, puede aparecer inflamación o lesiones en los tendones del manguito rotador.

Tobillos

Los cambios rápidos de dirección y las frenadas aumentan el riesgo de sufrir esguinces, especialmente cuando se llega tarde a una pelota o se pisa de forma inestable.

Rodillas

Las aceleraciones y desaceleraciones constantes generan una carga importante sobre las rodillas. Cuando la musculatura de piernas y cadera no está suficientemente fuerte, las molestias pueden aparecer con facilidad.

Espalda baja

Los giros repetidos del tronco, las flexiones para recoger pelotas bajas y la falta de estabilidad del core pueden producir dolor lumbar después de varios partidos.

El mejor seguro contra las lesiones: acondicionar tu cuerpo

Uno de los errores más comunes es pensar que jugar pádel es suficiente entrenamiento. En realidad, el cuerpo necesita una preparación adicional para responder mejor a las exigencias del juego. El entrenamiento de fuerza es probablemente la herramienta más efectiva para prevenir lesiones.

No significa pasar horas levantando grandes pesos en un gimnasio. Bastan dos o tres sesiones semanales enfocadas en fortalecer las piernas, los glúteos, el abdomen, la espalda y los hombros para mejorar notablemente la estabilidad y reducir el riesgo de lesiones.Un cuerpo más fuerte absorbe mejor los impactos, controla mejor los cambios de dirección y mantiene una buena técnica incluso cuando aparece el cansancio.

El core: mucho más que marcar el abdomen

Cuando se habla del core muchas personas piensan únicamente en los abdominales, pero en realidad incluye toda la musculatura que estabiliza la zona media del cuerpo. Cada golpe de pádel genera fuerza desde las piernas y la transmite hacia el brazo a través del tronco. Si esta zona no trabaja correctamente, el hombro y el codo terminan compensando el esfuerzo. Ejercicios como planchas, puentes, trabajo de estabilidad y ejercicios con bandas elásticas pueden mejorar considerablemente el control corporal durante el juego.

Una buena técnica protege tus articulaciones

No todas las lesiones aparecen por mala suerte. Muchas son consecuencia de repetir miles de veces un movimiento poco eficiente. Por ejemplo, golpear únicamente con el brazo en lugar de utilizar la rotación del cuerpo aumenta considerablemente la carga sobre el codo y el hombro. Lo mismo ocurre cuando se llega tarde a la pelota y se golpea desde posiciones incómodas.

Por eso, trabajar periódicamente con un entrenador puede ser una de las mejores inversiones, incluso para jugadores recreativos. Un pequeño ajuste en la técnica puede disminuir la carga sobre las articulaciones y hacer que cada golpe sea más eficiente.

El cansancio también aumenta el riesgo

Es común que durante los primeros juegos la técnica sea buena, pero conforme avanza el partido y aparece la fatiga, los movimientos empiezan a perder calidad. Se llega más tarde a la pelota, se golpea con menos control y disminuye la estabilidad al desplazarse.

Es precisamente en esos momentos cuando aumentan los errores y también las lesiones.Por eso es importante desarrollar una buena condición física general y respetar los tiempos de recuperación entre entrenamientos.

Elegir la raqueta correcta también importa

Muchos jugadores creen que una raqueta más pesada siempre ofrece mayor potencia. Sin embargo, una raqueta demasiado pesada puede aumentar la carga que soportan el codo y el hombro, especialmente en jugadores aficionados.

Como regla general, una raqueta que se adapte al nivel, la fuerza y la frecuencia de juego será siempre una mejor elección que simplemente escoger el modelo utilizado por un jugador profesional.

Si juegas varias veces por semana y empiezas a sentir molestias frecuentes en el brazo, vale la pena revisar si el peso, el balance o incluso el grosor del grip son adecuados para ti.

Los zapatos hacen más de lo que imaginas

En el pádel los pies nunca dejan de moverse; un calzado específico proporciona mejor agarre, mayor estabilidad lateral y reduce el riesgo de resbalones o torceduras. Jugar con zapatillas diseñadas para correr, por ejemplo, puede aumentar la probabilidad de sufrir un esguince porque no ofrecen el soporte lateral que requiere este deporte.

Nunca subestimes el calentamiento

Llegar a la cancha y empezar el partido inmediatamente es una costumbre bastante frecuente, pero también una de las menos recomendables. Un calentamiento de 10 a 15 minutos ayuda a preparar músculos, articulaciones y sistema cardiovascular para la intensidad del juego, puedes incluir movilidad de hombros y caderas, activación del core, pequeños desplazamientos laterales, saltos suaves y algunos golpes progresivos antes de comenzar el partido.

La hidratación también ayuda a prevenir lesiones

Cuando el cuerpo pierde agua y electrolitos disminuye el rendimiento muscular y aumenta la fatiga. Los reflejos se vuelven más lentos, la coordinación empeora y aparecen los calambres con mayor facilidad.

Por eso es recomendable comenzar el partido bien hidratado y beber líquidos durante los descansos. Si el entrenamiento es prolongado o las condiciones son muy calurosas, una bebida con carbohidratos y electrolitos puede ayudar a reponer lo que se pierde con el sudor.

Escucha las primeras señales

Una pequeña molestia no siempre significa una lesión grave, pero sí puede ser una advertencia. Dolor que aparece al terminar cada partido, inflamación persistente, pérdida de fuerza o molestias que duran varios días son señales que no conviene ignorar.

En muchos casos, descansar unos días y corregir la causa del problema evita semanas de recuperación más adelante.

Jugar durante muchos años

La mejor forma de disfrutar el pádel no es jugar todos los días sin descanso, sino poder seguir haciéndolo durante muchos años. Preparar el cuerpo, mejorar la técnica, utilizar el equipo adecuado, hidratarse correctamente y respetar los tiempos de recuperación son hábitos sencillos que reducen significativamente el riesgo de lesiones.

Al final, el objetivo no es solo ganar el siguiente partido, sino llegar al próximo fin de semana con ganas de volver a entrar a la cancha, moverte con confianza y seguir disfrutando de cada punto sin que una lesión te obligue a quedarte mirando desde afuera.


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